viernes, 6 de julio de 2007

Gamberra

Me lo llamaba siempre mi padre cuando era pequeña y yo creo que aún me lo llama de vez en cuando. Y resulta que aunque una quiera (que no es el caso), no se puede dejar así como así de ser una gamberra. ¡Y qué divertido es!

i. Cruzar Sta. Engracia cada mañana, tan hermosa ella, con sus cinco carriles, lejos del paso de cebra sólo para evitar las esperas, es la única forma de despertar del todo, cuando ya llevo una hora fuera de la cama... No hay nada como caminar por la carretera en línea recta hacia los coches que te miran y te señalan amenazantes con sus faros. Es gracioso ver a todos paraditos mansamente bajo un semáforo que yo me estoy saltando igual que cuando era más pequeña y más gamberra, y siempre saltaba en el juego de la goma. New York Herald Tribune...

ii. Pareceré una loca, pero mi otra gran alegría diaria es ir cambiándome de vagón en el metro en caaaada parada en caaaaada estación para ir acercándome al final o el principio del tren; así salgo colocadísima cuando llego a la estación de destino. La mejor sorpresa, hoy: un viejuco al que he pillado haciendo lo mismo, y ahí íbamos los dos, corre que te corre y pendiente de un pitido que nunca oigo...

iii. Porque todo esto lo hago sorda y feliz: adoro a los Kaiser Chiefs. Ya lo dice Cito. ¡Mira qué gamberreo se tienen montado!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Guau super gamberra,y después de semejante barbaridad q te dedicas a ir tocando timbres?jajajajaja.Lo grande habría sido q hubieras hecho caer al abuelo

aaberlanga dijo...

Y yo a ti :)

Esa es de las pocas cosas que ahora mismo tengo claras en mi estado de humor irascible y cambiante por segundos...