Cuando un trauma no existe, todo el mundo habla de ello como un trauma. Lo cuenta, lo re-cuenta, le da la vuelta, lo cuenta desde el final; reanuda el tema, lo toma, lo deja pero no lo olvida y lo vuelve a sacar. Y así se lo saca. Y fuera.
Cuando un trauma sí existe, nadie habla de ello porque nadie sabe que está. Y así no se saca. Y se queda. Dentro. Y cuando menos se lo espera la gente, porque no esperan que vaya a pasar nada dado que nada existe, sale el trauma y ¡fiesta, alegría, disparemos! Y entonces te das cuenta de que ya es demasiado tarde. De que ya está ahí. Dentro. Y se ha quedado.
Y lo mejor es toparte con unas orejas que te ayuden a sacarlo. Y con una boca que se acerque para sólo rozar. Y con unos brazos que, tapados, seducen más; porque ya se alejan.
domingo, 13 de julio de 2008
martes, 17 de junio de 2008
Adiós, mamá
i. Es lo más gracioso que he oído en las últimas dos semanas. Eso y la historia de la camiseta (sudadísima) de Julio Ruiz.
ii. Es algo que yo nunca haría. En cambio, le mandaría baberos. Porque se los merece.
iii. Es algo que tampoco he dicho nunca, yo, que todo lo acabo en i (happy, poppy, surfy...)
iv. Es la mejor excusa para volver; como sea.
ii. Es algo que yo nunca haría. En cambio, le mandaría baberos. Porque se los merece.
iii. Es algo que tampoco he dicho nunca, yo, que todo lo acabo en i (happy, poppy, surfy...)
iv. Es la mejor excusa para volver; como sea.
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